A Vicandi Garrido le sonó la alarma del reloj en el Getafe - Barcelona

La decisión de Vicandi Garrido, el árbitro del Getafe - Barcelona, de dar por finalizado el partido cuando un jugador de los azulones encaraba a Bravo destapa la necesidad de buscar una fórmula inequívoca para decretar el final de un encuentro.

15 de diciembre de 2014

A Vicandi Garrido le sonó la alarma del reloj en el Getafe - Barcelona
Xavi y Messi, en el partido ante el Getafe. Foto: Gtres

Dos días llevamos los futboleros dándole vueltas a si estuvo acertado Vicandi Garrido, el, a su pesar, famoso árbitro del Getafe - Barcelona, choque que terminó con los de Luis Enrique dejándose dos puntos importantísimos en la lucha por la Liga.

Vicandi, ya saben, pitó el final del partido en el momento en que Álvaro Vázquez se quedaba mano a mano con Bravo en lo que era una clamorosa ocasión de gol para los azulones.

¿Estuvo bien el árbitro? ¿Está amparada por el reglamento su decisión? ¿Dicta el sentido común que se pitase el final en la susodicha jugada?

La indefinición del reglamento es tan permisiva con el criterio arbitral que el colegiado puede pitar el final del partido en el momento en el que le salga del pito (con perdón). Con una única salvedad, no puede pitar el final si señala un penalti, que tiene que ser lanzado sí o sí aunque fuese el minuto 200.

Bajo esta premisa, el final de partido decretado por Vicandi Garrido está dentro del reglamento. Eso sí, parece de sentido común que no se pitase el final en esa circunstancia. 

Tras ver la jugada repetida decenas de veces, uno tiene la impresión de que Vicandi hace como esos trabajadores a los que les suena la alarma del móvil y apagan el ordenador sin guardar lo que están haciendo. Las siete. A casa. 

El mayor reproche que se le puede hacer a Vicandi Garrido es perderle la cara a la jugada, como si fuese un torero tribunero. Eso sí, poco pecho podía sacar el colegiado del Getafe - Barça tras comerse dos penaltis, uno por área, más grandes que la ídem puerta de Las Ventas.

Cuantas más cosas dependan de los falibles ojos de los árbitros, más posibilidades de error. Es de cajón. Uno no entiende que no se aplique la tecnología para intentar esclarecer las jugadas conflictivas y la de marras destapa la necesidad (lo ves, Julgogón) de que el fútbol entre de una vez por todas en el siglo XXI.

Para el firmante, el tiempo de juego debería ser cronometrado. Como en el baloncesto. De los 45 minutos que marca el reglamento, a duras penas se juegan 20-25. Y eso si se juegan. Con el tiempo medido, se acabarían las 'lesiones' fingidas de los jugadores, las desesperantes demoras en los saques de banda y faltas, los cambios cuyo único objetivo es perder tiempo...

Aunque viendo quién manda en la RFEF, la UEFA y la FIFA, la verdadera pérdida de tiempo es pensar que aquellos que controlan las designaciones, ascensos y descensos de los árbitros puedan tomar medidas para reducir los errores humanos.