Mi experiencia enoturística con Tarsus

Llovió. Pero ni siquiera esa anécdota en el día de San Juan pudo empañar el viaje al corazón de la Ribera del Duero para pasear entre los viñedos de Tarsus, un terroir único en la localidad burgalesa de Anguix que ocupa 70 hectáreas diferenciadas en 21 parcelas donde se cultiva principalmente la Tinta del País y Cabernet Sauvigon.

26 de junio de 2014

Mi experiencia enoturística con Tarsus
Viñedos de Tarsus.

Y allí estaba yo, junto con otros compañeros y amigos, todos vestidos de pleno verano, sin miedo a mojarnos y dispuestos a disfrutar de un maravilloso paisaje y de una bodega de los años 90 que sigue el estilo de los châteaux de Burdeos . Llovió, pero eso no impidió que enfundados en delantal, sombrero, gafas y guantes pudiéramos aprender de la mano de Héctor a quitar los nietos de las cepas con cierto miedo a cargarnos algún racimo, ni a disfrutar de una cata excepcional dirigida por Teresa Rodriguez, la enóloga que desde hace 7 años da personalidad a los vinos Tarsus Reserva, Quinta de Tarsus Crianza y Tarsus Roble. 

Vinos equilibrados, elegantes, diferentes al resto de vinos de Ribera de Duero. Vinos de alta concentración, de aromas profundos y un gran potencial de envejecimiento que Teresa logra con un seguimiento y cuidado del viñedo en cada añada y con la crianza en sus 1.700 barricas de roble francés y americano al que se han incorporado barricas de roble húngaro donde el alma máter de esta bodega ha encontrado el equilibrio tánico perfecto.

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La lluvia no impidió una "barbacoa de interior" sentados a la mesa de su amplio salón dentro del edificio art decó, pensado para compartir y disfrutar de una comida como ésta con la gastronomía típica de la zona. ¿Qué mejor armonía que los Tarsus con la morcilla y el chorizo de Burgos, la panceta, la torta de Aranda, sus exquisitos quesos y las mejores chuletillas de ese lechazo indiscutible de la zona?.

Hubo tiempo para el descanso y después... siguió la lluvia que nos acompañaría hasta el final de la noche. Y pudimos oler a tierra mojada en ese suelo con excelentes características para el cultivo de estas vides y mientras, volvimos a compartir una exquisita gastronomía, a disfrutar nuevamente de los vinos de Tarsus. Era San Juan y la lluvia no impidió nuestra hoguera particular al resguardo de la lluvia. Y allí escribimos nuestros deseos en un mágico y benefactor aquelarre en este solsticio de verano para darle más fuerza al sol que nos faltó en este maravilloso día. Allí estaban todos los elementos: aire, tierra, fuego y agua, mucha agua para desechar lo caduco, lo que no nos endulza, lo que no crece, lo que no llega a buen fin ni nos dará felicidad en el futuro.
Escribimos nuestros papeles reflejando en ellos nuestros deseos y con las velas en mano, los quemamos para olvidar lo malo del pasado. Y así, brindando con Tarsus dimos la bienvenida a lo bueno que nos espera.

Siguió la lluvia pero decidimos desafiarla bailando encima de la hierba y brindando con Perrier-Jouët, (un lujo final para una jornada de lujo) con mi compañera y colega Pilar de Haya y su grupo "The Winemakers", que como dice mi amigo Juancho Asenjo, tocan versiones "gran reserva". Tengo que felicitar a Pilar no sólo por su voz y la profesionalidad y trayectoria de cada uno de los componentes del grupo, sino (y esto es lo mejor), por salir al escenario con una copa de vino en la mano. Ya era hora de que alguien promocionara la imagen del vino de una manera distinta. Con esto ya consiguió la complicidad de todos. Gracias, Pilar.

Y mil gracias a Marian Carreira, a Teresa Rodriguez, a Amaya Sanz, a Marta Gómez, a Xavier Gorostiza y a Héctor Ruiz, los perfectos anfitriones. No me extraña que con este equipo lleno de entusiasmo e ilusión, los Tarsus sepan tan ricos. Y otras tantas gracias a Jone Urrutia por proponerme este viaje.

Llovió, pero eso es lo único que olvidaré de una jornada enoturística inolvidable.