Los Increíbles

Vitoria (Álava). Enero de 2014.

Salgo del edificio de los Juzgados, una estructura con más pinta de hotel que otra cosa. Probablemente, porque sería concebido con esa idea, y la dichosa crisis inmobiliaria dejó la construcción sinsentido. (Esto mismo pasa en el Edificio de los Registros de la Propiedad de Madrid).

Por Ignacio González Gugel

2 de abril de 2014

Los Increíbles
Los Increíbles.

Cuando me dispongo a usar la puerta giratoria para salir, oigo la voz del abogado de la compañía aseguradora, a quien ;unos minutos antes; había tenido enfrente dentro de la Sala de Vistas.

- ¡Perdona compañero! ¿Tienes un minuto?

A pesar de que muchos clientes parecen no entenderlo, entre Letrados, y Procuradores existe un respeto y una sana competición dentro de la sala, que fuera suele convertirse en educada relación. Digo que algunos clientes parecen no entenderlo, porque, he conocido personas que recriminan que dos abogados (que se enfrentan en sala) puedan saludarse cordialmente fuera.

- Si, dime, si quieres tomamos un café-
- Perfecto.

Ante el café (3º de la mañana), el abogado me cuenta que su cliente se ha marchado enfadado. Al parecer, éste no ha logrado entender, por qué ha sido condenado por el Juez, por una factura de fisioterapia que la aseguradora no quería pagar.

El propio compañero, me dice apesadumbrado, que su cliente tiene TODA la razón del mundo, que es absurdo que una persona resulte condenada penalmente, cuando la otra parte (es decir mi cliente y yo que le defiendo) no teníamos especial interés en ello, sólo queríamos 600 euros de una factura de rehabilitación.

El letrado, ya veterano, me lo cuenta con la cara de aquel, que tras numerosos avatares, batallas y aventuras judiciales, se encuentra en una posición difícil de solucionar. El problema radica en que él, defiende a dos clientes a la vez. Por un lado, el cliente enfadado y por el otro la aseguradora de este mismo cliente.

Esta situación se produce, porque el cliente tiene contratado un seguro de 'Defensa Jurídica' y esa tarea, se la ha encomendado al abogado de la compañía. Lo que vulgarmente se define como "Mi compañía aseguradora me ha puesto un abogado".

Para que se produzca el problema, además, debe darse otro ingrediente que consiste en que los intereses del cliente y de la aseguradora sean distintos. EL CONFLICTO DE INTERESES.

Y es que esta situación, se da muchas veces en los Juzgados.

Los clientes que han provocado un siniestro y causado un daño, (en accidentes de tráfico o accidentes laborales, principalmente), quieren salir indemnes de la acusación que se les realiza. Normal, resultarán condenados, pagarán una multa y tendrán antecedentes penales.

A la compañía esto les importa poco lo que ellas quieren es NO PAGAR o PAGAR LA MENOR indemnización posible (ahora, con la política de crisis llegan al absurdo).

Pues bien, el abogado defendió a su aseguradora, ya que esta le pasa 500 pleitos al año y sin embargo el cliente enfadado (pobre diablo) es el único pleito de su vida y además ni siquiera lo paga él, no recibió el mejor trato profesional.

Esta controversia es puramente ética y quizá podría resolverse con un simple "El abogado debió renunciar a la defensa de uno de los dos". Pero en la realidad es de muy difícil solución.

Las aseguradoras, en su afán recaudatorio, venden los seguros de defensa jurídica, pero la única forma de rentabilizarlos es machacando a los letrados que trabajan para ellas con honorarios irrisorios y volúmenes inmensos de trabajo.

A éstas no les gusta que el cliente decida optar por un abogado particular (alguno de su confianza) ya que les sale notablemente más caro.
Pero además, cuando ya tienen a sus abogados cogidos del cuello como éstos, son más fáciles de domesticar. Ahora pueden pedirles que no sean tan éticos. Para que me entiendan les recomiendo que vean Los Increíbles de Pixar, y verán a estos letrados reflejados en Mr. Incredible hablando con la pobre ancianita.

Esta metáfora cinematográfica es tan real como la vida misma. No deje que le pasen por encima.