El desastre de Bilbao Basket o el camino minado de la deuda galopante

El baloncesto y Bilbao no merecen este 'vía crucis'. Y el ejemplo del fútbol no puede ser el camino. Es más, ese camino en la mayoría de los casos, cuando no hay detrás mucho dinero o mucha, muchísima masa social, está lleno de mierda. Porque no hay milagros. Los clubes de baloncesto no pueden elegir la vía fácil del endeudamiento. 

31 de marzo de 2014

El desastre de Bilbao Basket o el camino minado de la deuda galopante
El capitán del Bilbao Basket, Alex Mumbrú, explicando a los medios algo muy sencillo: Que si no cobran, no trabajan./Ep

Este deporte no cuenta con el apoyo de numerosos, gigantes y bien dispuestos sponsors para sostener los gastos que supone luchar año tras año por meterse en Euroliga, que es la vía para la llegada de dinero y la sostenibilidad. Y que es el destino que pensaaban en Bilbao les tenía guardado el futuro. Tampoco cuenta el baloncesto, no seamos ilusos, con el apoyo de las televisiones, los medios y millones de seguidores. Solo es baloncesto... La receta, para la mayoría, es edificar buenas y sólidas canteras y fomentar el baloncesto en sus comunidades y provincias. Lo demás es fumarse un puro a oscuras en un polvorín y con los temblores del párkinson.

El ejemplo del Baloncesto Bilbao -que no es el único pero sí el más sangrante- lo dice a las claras. Está en la ruina y ha estado a un paso de ser excluido de la Liga Endesa en plena competición por no comparecer a un partido. Los jugadores del equipo vasco decidieron hacer huelga y no jugar frente al Barcelona este fin de semana como medida de presión. No acudirían a los entrenamientos, ni jugarán partidos ante la situación de impagos que sufren en las dos últimas temporadas. Los jugadores habían votado el viernes por la mañana ese plante. Y un día antes, el pasado jueves, se dio el primer paso para librar al club de morir en la orilla tras agotarse financieramente. ¿Cómo? Con un relevo incierto en la directiva. Y sí, jugó con el Barcelona el domingo por la mañana. Y como no puede ser de otra manera, fue apalizado. Y era lógico. 

               

En la actualidad, el club tiene una deuda cercana a los seis millones de euros. Su situación es insostenible, aunque algunos a estas alturas creen que pueden conducir el barco a puerto. El apoyo político no da para tanto. Está comprobado. Ni ayuntamientos, ni diputaciones pueden o deben ser dueños de clubes deportivos. 

Tras varios años de éxitos deportivos de mérito todo el mundo lo ve claro: Bilbao no da para más en las actuales circunstancias. Es más dio por encima de sus posibilidades. El BB se pegó varios cañonazos en el pie que provocan un presente muy oscuro y un futuro por aclarar. Jugadores con fichas altas, internacionales o exinternacionales, y una política claramente expansiva y cara a la hora de confeccionar el plantel han sido ingredientes suficientes para conducir a esta situación. No todo ha sido culpa del abandono de los políticos, no nos engañemos. 

Pero el jueves, lo dicho, Gorka Arrinda, el presidente, cedió sus acciones al grupo alternativo que quería hacerse con las riendas del club. Era el primer paso para evitar esa huelga de jugadores y rescatar al Bilbao Basket del caos institucional en el que se encuentra. Un caos sembrado de compromisos no cumplidos e impagos sangrantes con la plantilla y otros trabajadores y proveedores. 

                

Se dan casualidades curiosas, que al final no lo son. ¿Sabíamos todos que ese presidente era el representante de varios jugadores de la plantilla vizcaína? Raro, ¿no? Mucho más raro, si cabe, era que la plantilla, representados y no representados por Arrinda, exigiera la salida del 'mandamás' para continuar compitiendo. El traspaso oficial de acciones se firmó el viernes y a primeros de abril una junta extraordinaria de accionistas ratificará el cambio de propiedad. Pero no hay que equivocarse. Arrinda no se va del todo. No. Porque no ha recibido, ni recibirá a corto plazo el dinero que estima valen sus acciones. Y es eso. Se trata de dinero. El mismo que se tiró al pozo a paladas para seguir ganando tiempo mientras se construía un sueño de baloncesto en el aire.  

Habrá que ver si la junta entrante, si es que finalmente 'entra', tiene los huevos de decir alto y claro a todo el mundo en Bilbao que si quieren tener un equipo en la élite de nuestro baloncesto será tras construirlo con mucho trabajo y mucho empeño. Eso significa formar y cuidar una cantera a lo largo de los años, vender caro y saber comprar bien y barato. Solo lo justo y necesario. Ni un elemento más. Los buenos consejos los tienen cerca: que pregunten a su capitán Mumbrú o a Raül López. Ambos formados en la mejor cantera de España. Ambos de Badalona. Y es que si no eres el Madrid o el Barcelona, para los demás queda poco margen. Ahí está el Baskonia, remando, remando contra la crisis para intentar pagar unas fichas desorbitadas mientras mira a su escuela y encuentra poco, realmente poco donde agarrarse.

Pero bueno. Esa cesión de acciones no significa pérdida de derechos económicos del máximo accionista, sino la plasmación de un compromiso para el cambio de propietarios, mientras que los nuevos responsables pueden tomar decisiones que apuntalen las ruinas de un club que sin embargo llenó de ilusión a los aficionados al basket vizcaínos. Luego llegará el canje de esas acciones por dinero.

Los gestores alternativos llegaron a un acuerdo con los jugadores para pagarles una pequeña parte de sus sueldos pendientes de cobro si es que aplazaban la huelga que les había costado ya dos partidos sin comparecer y unas multas económicas a la entidad que sonaban al triste y miserable epitafio de un muerto con ínfulas de grandeza. Con el cambio efectivo en el Consejo de Administración, el Bilbao Basket procedería a abonar la deuda con los jugadores mediante pagarés avalados por la propia entidad. O lo que es lo mismo, los sufridos acreedores tienen que confiar de nuevo en los propietarios, aunque éstos sean otros 'perros', no se sabe si con los mismos collares. 

                 

La plantilla ha aceptado, pero el acuerdo no incluye que los jugadores, a ciegas -o casi- sigan apostando por quedarse en Bilbao. A todos no les quedan ganas de continuar a orillas del Nervión. No todos son masoquistas, confiados o inseguros de sí mimos. Y está por ver que no se produzca una desbandada. No vale con la estrategia de seguir a cualquier precio. Muchos firmaron sus contratos, blindados a un aventurerismo 'typical spanish': el pívot lituano Antanas Kavaliauskas rompía esta semana el contrato con el club bilbaíno para fichar por el Lietuvos Rytas de su país. No hay que engañarse, es cierto que Kavalauskas no es nadie en esto del baloncesto. Pero su marcha demuestra que son muchos los profesionales de este deporte que han puesto a nuestro país en cuarentena y no les falta razón. El jugador lituano sentenció antes de abandonar Bilbao: "Mi salida es la primera, pero podría haber más".

La marcha de Kavalauskas tiene dos lecturas. Una deportiva, porque deja al Bilbao Basket muy mermado de efectivos, ya que cuenta con las lesiones de Raül López y Axel Hervelle, que volverán muy al final del campeonato. Con tres jugadores menos, el equipo solo puede echar mano de dos jugadores vinculados al club, Borja Mendia y el montenegrino Nikola Lucic, ambos muy jóvenes, de 18 y 17 años respectivamente, y ninguno es pívot.

La otra lectura es económica. Y realmente es una llamada de atención a la situación de nuestro basket. Puede que la mejor liga del mundo fuera de la NBA no esté en condiciones de seguir siéndolo. No pasa nada. Pero hay que aceptar la situación. 

Es ilustrativa la opinión de un jugador nacional que ha tenido que emigrar arrastrando impagos durante buena parte de su carrera. Carlos Cherry, el base sevillano que estuvo esta semana en el programa 'Baloncesto a fondo' de Onda Joven. Con 34 tacos y desde su actual trabajo en Francia, enrolado en el Angers, en el equivalente a LEB Plata del país galo, se acuerda de los impagos que sufrió en Granada y Cáceres. Y desde ese punto de vista analizaba la situación de nuestro baloncesto en general y de Bilbao en particular. "A mí me pagan por jugar e igual que si el entrenamiento es a las 9, no me gusta llegar a las 9 y un minuto. Pues a la hora de cobrar, no me gusta que me paguen un día tarde, un mes tarde o seis meses tarde. Yo prefiero jugar en Francia a que no me paguen en España en primera o segunda división. Es sencillo". Cherry lo tiene claro: "Yo creo sinceramente que me retiraré aquí, ¿volver a España para qué? Para cobrar a mitad o que no me paguen. Yo tengo familia que depende de mí y no puedo volver así. El día que vuelva a España será a lo mejor para jugar en un equipo EBA, para jugar amistosamente pero profesionalmente no".

El futuro ya está aquí. Depende de los gestores del baloncesto español la forma en que lo afrontará nuestro deporte...