"Superlópez es mi voz y como diga otra cosa lo descuajeringo"

Érase una vez un hombre que hace ya 41 años dio vida a un personaje de "S" en pecho y capa de héroe que aparece y desaparece a antojo de sus viñetas.

21 de febrero de 2014

"Superlópez es mi voz y como diga otra cosa lo descuajeringo"
JUAN LÓPEZ FERNÁNDEZ. Foto: Historias desde El Ágora.

GEMA N. GARCÍA RUIPÉREZ.

Le puso por nombre Superlópez y le dotó como ofrenda de esa "desgana" a la hora de "levantarse cada mañana para ir a fichar" que sufren con estoicidad "tantos miles de empleados de este país". Porque haberlos, pese al paro, hailos.

Pero tranquilos, lo suyo no es resolver el mundo sino tan sólo "sufrirlo como los demás". Pobre, "¡Ni que tuviera superpoderes!".

No contento con eso y para deleite del lector Superlópez fue evolucionando hasta convertirse en "reflejo" de su creador. Y todo, pese a que a él "no le gusta el fútbol" y admite con decisión que puestos a elegir un héroe se queda con Indiana Jones porque "a Superman no se lo cree ni Dios".

El hombre de que hablamos nació en Toral de los Vados, una localidad de ese Bierzo "tan hermoso" al que decide renunciar, si se tercia, por un "pa amb tomaquet i pernil" (pan con tomate y jamón).

Pese a las muchas bondades del cocido maragato... ¡Resulta difícil echárselo en cara! Y más, sabiendo que, aunque su "DNI no miente", este sujeto que retrata el mundo a base de "papel, lápiz y tinta!" renunció hace ya unos añitos a su verdadero nombre por el de Jan. Ese pseudónimo con el que garabatea sus obras mientras se "desloma pacientemente aguantando eternas colas en las firmas" de sus tebeos.

Por suerte para todos los que leéis el presente artículo, en lugar de pasar el rato dibujando o "cortando la hierba de su terreno", Jan ha tenido a bien hablar con nosotros de Historia. Pero no de una cualquiera, sino del singular periplo de algo tan entrañable y a la vez tan mordaz como tan sólo puede serlo un buen cómic. Hete aquí sus respuestas:

P.- Jan, ya sé qué es obvia, pero tengo que empezar por esta pregunta, ¿qué hay de Juan López en Superlópez?

R.- Todo. Es inevitable que mi personalidad esté reflejada en mis personajes, lo que no significa que me guste el fútbol...

P.- Entiendo. Supongo que es inevitable que el autor deje algo de sí mismo en todos ellos. Pero, ¿incluso en el inquietante profesor Escariano Avieso? ¿De verdad hay algo de ti en él?

R.- Claro, yo soy todos mis personajes. Soy como un actor y los interpreto a todos con mis dibujos. Siempre lo he dicho.

P.- Bueno y, ahora que ha pasado el tiempo, ¿qué crees que queda del Superlópez de 1973 en el de hoy?

R.- Es el mismo, con la lógica evolución tanto por mi parte personal como por parte de la sociedad y sus problemas, que no son iguales.

P- La verdad es que, pese a que ya peina canas, ahí sigue... Pidiendo café y croissant a la taquillera del metro. ¿Y eso por qué?

R.- Evidentemente no le gusta su trabajo, y le cuesta levantarse cada mañana para ir a fichar, igual que les pasa a tantos miles de empleados de este país...

Es por eso que expresa desgana, desapego, y pide a la taquillera un café con leche y el croissant...

A pesar de todo lo que sucede a su alrededor, Superlópez no haría nada, lo sufriría como los demás. ¡Ni que tuviera superpoderes!

Así pues, sus historias no plantean soluciones sino que actúa por impulso ante los problemas que afectan a la gente o a sus compañeros.

P.- Comprendido, ¡ya tiene bastante el pobre con ir a currar! Y, sin embargo, tengo entendido que a Superlópez no le gusta nada el asunto de los desahucios...

R.- A mi no me gustan los desahucios y punto. Ahí Superlópez es mi voz y como diga otra cosa lo descuajeringo. Vendrán problemas nuevos como siempre los hubo y seguirá siendo mi voz mientras lo dibuje yo.

P.- Por cierto, qué se siente habiendo creado uno de los iconos de los 70, 80 y 90 ¡¿Menuda responsabilidad no?!

R.- No sé si Superlópez es un icono, para mi es mi medio de expresión y me funciona. Sé que tengo que hacer mi trabajo cada vez mejor y esa es la única responsabilidad que siento.

P.- Bien. Ahora, si te parece, viajemos al pasado... El nuestro, como sabes, es un programa dedicado a la Historia y hay quien hablando de los orígenes del tebeo se remonta a los jeroglíficos egipcios, las vidrieras y retablos medievales, las columnas conmemorativas romanas, el tapiz de Bayeus, los códices precolombinos o incluso el arte rupestre. ¿Donde pondrías el límite? ¿Cuándo nace el cómic en opinión de Jan?

R.- Disiento mucho de muchos de mis colegas en ese aspecto. Para mi el cómic nació con las revistas impresas y los suplementos de diarios americanos.

Todo lo demás son elucubraciones basadas en el aspecto general de los elementos. El cómic es una creación moderna.

P.- Ya veo, desde luego hubo todo un salto desde los pliegos de cordel y las aleluyas del siglo XVI -estampas acompañadas de texto que se consideran el antecedente de la historieta- a la serie 'The Yellow Kid' -uno de los primeros éxitos del cómic estadounidense-, ¡y todo por los benditos bocadillos! ¿De verdad son tan útiles!

R.- Es cierto que el cómic se encarrilo gracias al Yellow Kid pues necesitaba una voz propia, que son los bocadillos o globos. Eso ayudo a distinguirla del mero texto ilustrado.

Aunque, a decir verdad, también es cierto que se puede hacer cómic mudo, pero ese tampoco existiría sin el descubrimiento de los globos, que permiten convertir los personajes en actores y desarrollar secuencias...

Antes eran meras ilustraciones al texto, lo que no difería de los cuentos infantiles con dibujos.

P.- Ya veo. Si te parece, entremos ahora en el siglo XX, con Pulitzer y Hearst batallando por conseguir más lectores y el endiosado nacimiento de Superman -año 1938-, hechos que hicieron que la industria norteamericana fuera imbatible.

Pero, si hoy día subiéramos a un mismo ring el cómic americano y el europeo, ¿quién crees que mordería la lona?

R.- El europeo seguro, porque el americano cuenta con un mercado mucho mayor. Antes España publicaba también en Latinoamérica pero perdió ese mercado...

En resumidas cuentas no es la calidad del cómic sino la cantidad de lectores lo que decide. El mercado americano es gigantesco e internacional.

P. - ¡No hay quien les gane! Pero, en fin, hay que reconocer que los primeros años de la historieta dieron lugar a grandes historias: 'Little Nemo', 'El Príncipe Valiente', 'Flash', 'Spiderman', 'Tintin', 'Asterix'... ¿Con cuál te quedas?

R.- Little Nemo y Prince Valiant, obviamente.

P.- ¿Crees que alguno de ellos te influenció especialmente?

R.- Ambos, y otros más, pero sobre todo el surrealismo literario. Antes que dibujar hay que imaginar y para imaginar hay que leer... Esa ha sido la secuencia de mi formación.

P.- ¡Continuemos nuestro viaje! Con la llegada de los años 70, tú e Ibáñez resucitasteis el género en la piel de toro. Escribíais e ilustrabais viñetas de todo tipo, algunas cargadas de humor irónico, otras de crítica social y, las mejores, de ambas cosas. ¿Crees que la industria del cómic española ha cambiado mucho desde entonces?

R.- ¿Cuál...? No veo casi ninguna "industria" del cómic en España, y ese es el problema. Tenemos pocos lectores, luego no puede cimentarse una industria en ellos. Francia hacia tiradas de 200.000 ejemplares, hoy lloran porque se han reducido a 100.000. Pero en España si consigues una tirada de 5.000 eres la ostia.

P.- ¡Pues si que vamos bien! Y, para colmo, imagino que dar vida a un cómic llevará bastante tiempo...

¡Ya te digo! Cuatro meses me cuesta a mi: Uno para documentarme y escribir el guión, tres para dibujar.

P.- ¡Menuda panzada de trabajo! ¿Por cierto, podrías decirnos el nombre de alguien que jamás vaya a aparecer en tus cómics?

Prefiero callármelo, no me gusta ofender a mis enemigos...

P.- (Risas) Vale, vale... Si te parece, sigamos viajando en el tiempo... En concreto, ahora te pido que nos traslademos a los 80 y 90. Años de lo más locos en los que apareció en el horizonte un tercero en discordia: El manga japonés. Un competidor que, aunque entró sigiloso, con 'Akura' y 'Dragon Ball' abrió sus puertas a millones de seguidores.

Así pues, si el manga sube también al ring del que hablábamos antes, ¿crees que la industria europea y/o la estadounidense podrían salir bien paradas?

R.- Sigue siendo problema de mercados, el manga para mi también es cómic y sus soluciones pueden enriquecer el cómic europeo. No lo veo como un competidor. Pero sobretodo porque hay cada vez menos lectores de cómic... No hemos sabido crearlos y los móviles y tabletas absorben demasiado la atención de los chavales.

P - ¡Estoy contigo! Pero bueno, con sus más y su menos, ¡al fin hemos regresado al presente! Ese mundo de tabletas en manos de niños y cómics en formato digital... Un lugar insólito donde me gustaría que nos contases qué te parece que tienen que aportar personajes como Superlópez, Pulgarcito y demás. O, lo que es lo mismo, ¿cuál es el legado de Jan dentro de la Historia del tebeo?

R.- Eso no lo puedo decir yo... No pienso en legados ni herencias, solamente me interesa hacer mi cómic cada vez mejor mientras pueda.. y que critiquen ellos.

Sí que sé que he influido en varias generaciones, por eso me deslomo pacientemente aguantando eternas colas en las firmas.

Pero también sé que vamos a menos porque no se están formando lectores nuevos.

P.- Cierto... ¡Es una verdadera lástima! Pero en fin, ¿quien sabe? Quizás haya quien encuentre esta entrevista por la Red de redes y decida detenerse un segundo para redescubrir a Superlópez y a otros tantos personajes que, como tu dices, <>.

Así que un millón de gracias por regalarnos un ratito de tu tiempo. Para mi, y para todos los que formamos este rinconcito que lleva por nombre Ágora, ha sido un verdadero placer conocer un poco mejor al hombre que se esconde tras la capa de todo un héroe... Del TBO.