Ricky Rubio, Adelman y el amor que todo lo puede

¿Cuánto dura el amor? Depende a quién y cómo se ame... No pretendo disertar aquí sobre el amor humano y sus formas. Allá cada cual con su cuerpo, sus seres y 'estares'. Nada más lejos de la mi intención que lanzar monsergas sobre un asunto tan personal y trascendente. Solo quería introducir una figura: Ricky RubioA Ricky todo el mundo le quiere... Y puede que le queramos demasiado, que eso también es malo. Tanto como el desamor, si es que no llegamos a entender su justo término

20 de enero de 2014

Ricky Rubio, Adelman y el amor que todo lo puede
Ricky Rubio en los tiempos en los que España, de momento solo España, se rendía a sus pies. Él, entonces, disfrutaba mucho del baloncesto./Archivo

El genio de El Masnou ya no se divierte jugando al baloncesto. Puede que víctima de un amor excesivo de los norteamericanos. Lo dijo él y los demás solo podemos creerle. Vamos, que se aburre. ¿Con quién juega al baloncesto? ¿Cómo ha podido pasar? ¿Quién es su jefe? El 'chico de oro' trabaja en unos Minnesota Tiberwolves que no dan el salto de calidad que se podía esperar. Y lo hace junto a un entrenador que, desde el pasado verano, está en el club de las 1.000 victorias. Entre aquellos que ganan más partidos que el resto. ¿Su nombre? Rick Adelman... Su tocayo. Por ahí nos duele. Cuando el bueno de Rick estuvo en Portland, Sergio Rodríguez aún no estaba tan siquiera despegando en la cantera de Estudiantes. Lástima. En EE.UU. al 'Chacho' no le quisieron lo suficiente. Y Adelman le hubiera 'amado'. Y es que estamos hablando de uno de los mejores entrenadores de baloncesto de los últimos 20 años en la NBA. Si hubieran coincidido en Portland... Bueno, eso nunca lo sabremos. Por eso no me atrevo a deslizar que si eso hubiera pasado, quizá Sergio no estaría hoy en el Real Madrid. (¡Uppss! No he dicho nada).

Ricky siempre me pareció mejor jugador que Sergio Rodríguez porque defendía. Hoy esa diferencia, que sigue existiendo, se ha minimizado. Y hoy ya me parece mejor jugador Sergio. Quizá porque aquí ya le entendemos y le damos cariño. Diréis que soy un ventajista. El 'Chacho' está en el mejor momento de su carrera, y el canterano de la Penya vive quizá el momento más crítico de la suya, inmerso en una laguna de juego importante y luchando en un mar de dudas. Que yo diga ahora eso, ¿qué más da? No significa mucho. Es como si a uno le preguntan a qué hijo quiere más.

Dicen que los deportistas de élite, de cualquier disciplina pero mucho más en las que más se cobra y más responsabilidad y visibilidad se adquiere, pueden sufrir crisis de identidad y juego episódicas que ponen en riesgo su crecimiento. Dicen que si comenzaron a competir junto a los mejores a una edad demasiado temprana, la prevalencia del mal es mayor. Le ocurrió, cuentan, a Raúl, el futbolero.  Pero analicemos...

En el penúltimo partido de los Wolves, Rubio sumó ante los Kings cinco puntos, dos rebotes y cinco asistencias. También robó tres balones pero perdió cinco. En ese partido, Rick dejó a su tocayo español en el banco durante todo el último cuarto, algo que casi nunca sucede. En el último choque, con menos minutos, muchos menos que de costumbre, y pese a la victoria ante los Jazz de Utah, el base despegó... un poco: seis puntos, nueve asistencias y ocho rebotes en pocos minutos de juego y alguna jugada brillante para los highlights. Son números paupérrimos para alguien elevado a categoría de fenómeno mediático en la NBA, sinceramente.

                 

Su equipo ha disputado 11 partidos que se han decidido por un margen de cuatro puntos o menos, y los han perdido todos. Es decir en los momentos críticos, cuando un equipo tiene que definirse a sí mismo y establecer su lugar en el mundo, los T-Wolves se han venido abajo siempre. Y en esos minutos, en los de verdad, siempre o casi, estuvo Ricky en pista. El base catalán juega, aceptémoslo, ofuscado en los últimos tiempos. Y eso para un base director como él, es demoledor. "No estoy siendo yo mismo y el equipo lo está notando. Tengo que volver a ser el que era. Trabajo para ello. Es algo que he perdido. Es duro para mí", reconoce Ricky. "Es baloncesto y me gusta, pero no me estoy divirtiendo como solía hacerlo. Sé que hay que ser profesional. Pero, simplemente, quiero divertirme y es difícil hacerlo en este momento". Toma ya.

Su entrenador, Rick Adelman -qué zorro- , que le ha dado algunos 'palitos' en los últimos días, explica que Rubio se impone un exceso de presión: "Pienso que simplemente debe intentar hacer el juego más sencillo. No debe buscar cada vez una gran jugada. Cuando algo no le sale, se obsesiona y no hace más que complicarse la vida. Creo que todo irá bien y que saldrá de esta. No jugó bien ese partido pero, en este sentido, no es el Llanero Solitario". 'Suave, suave, despacito, muy despacio'. El disgusto de Adelman con Ricky, que debe ser morrocotudo, está disimulado, disminuido ante los medios. Adelman le cuida porque le quiere. Aunque le quiera por interés: su base reserva, Jose Juan Barea, puede ser mucho más anotador y tener mejor mano que el catalán, pero no es el artista que necesita su equipo para hacer jugar a Kevin Love, Pekovic y Kevin Martin.

Ricky promedia esta temporada 8.6 puntos y un 34.6% de acierto en el tiro, las cifras más bajas desde que llegó a la NBA en la temporada 2011-2012. A sus 23 años acumula 136 partidos en las dos temporadas y media que lleva en la NBA y se dice a sí mismo: "Después de un mal partido, regreso a casa y no puedo dormir. Tengo las sensación de no ser lo suficientemente bueno y ese tipo de cosas. Me gusta la presión, pero cuando las cosas no van bien es difícil manejar al equipo y asumirlo uno mismo. Es algo que he perdido y que debo recuperar".

El caso es que Rick Adelman ya veía las cosas mal en los partidos de preparación del mes de octubre de 2013, antes de empezar esta temporada: "Hemos jugado dos partidos en casa y nos hemos dejado llevar en ambos. No somos los Heat ni los Spurs. Estamos actuando como si tuviéramos todo el tiempo del mundo y no es así", espetó Adelman antes de seguir recriminando a sus jugadores. Uno de los colectivos que más críticas recibía por parte de Adelman fueron los bases: "Sus últimos partidos están siendo horribles. Tienen que venir y hacer jugar al equipo", soltó.

                 

Palo y zanahoria para Ricky. Y es que Adelman le vigila y le marca los pasos. No quiere perderle. Sabe que tiene entre sus manos un diamante capaz de morir defendiendo, anotar 14  puntos, dar 12 asistencias y coger seis rebotes casi cada noche. Y eso es mucho si se tiene un pívot que domine, una alero como Martin y al grandísimo Kevin Love. Adelman no quiere un base de 30 puntos. Su idea de baloncesto es otra. En esa misión de recuperación de Ricky es vital que no se le abrume. Que no se le quiera demasiado. Tampoco que se le castigue en exceso. Por eso a Adelman, que también fue base, no le gusta que le comparen con Pete Maravich, otro 'jugón' al que él mismo llegó a enfrentarse en los 70 del pasado siglo:  "No, no, ni de cerca", respondía Adelman de forma enfática al ser preguntado por si veía parecido entre Ricky y el mítico Maravich.

Adelman no cree que las comparaciones sean buenas. "Pienso que nos creamos un problema en esta liga con la insistencia en intentar convertir a los jugadores en alguien que queremos que sea, en vez de dejarles ser ellos mismos", razonaba el técnico. "Él es un buen jugador joven que tiene la oportunidad de tener un muy buen futuro", afirma Adelman sobre Ricky, "pero a veces la gente intenta hacer de él algo que ahora mismo no es. Dejémosle progresar y por ahora lo está haciendo muy bien". Un baño de realidad...

Y ahora, ¿os imagináis que Adelman hubiera estado todavía en Portland cuando por allí apareció ese tal Sergio Rodríguez? Amor y baloncesto ficción...