Tu puto ombligo

Me divierte la gente que se pasa el día mirándose su puto ombligo. Puede parecer absurdo, pero no lo es en absoluto. Muchas personas dedican una inquietante cantidad de tiempo a mirarse, satisfechos, su puto ombligo. Algunos, los menos correctos políticamente hablando, lo llegan a denominar "autofelación", y los más finos hablan del mismo fenómeno, siempre en tercera persona, refiriéndose como los Reyes del autobombo.

8 de enero de 2014

Tu puto ombligo
Es muy cómodo hacerlos, pero los "me gusta" no valen puntos

Me divierte la gente que se pasa el día mirándose su puto ombligo. Puede parecer absurdo, pero no lo es en absoluto. Muchas personas dedican una inquietante cantidad de tiempo a mirarse, satisfechos, su puto ombligo. Algunos, los menos correctos políticamente hablando, lo llegan a denominar "autofelación", y los más finos hablan del mismo fenómeno, siempre en tercera persona, refiriéndose como los Reyes del autobombo.

Todos tenemos nuestro ego, e incluso yo diría que es sano tenerlo bien desarrollado, -el mío es posiblemente excesivo- , pero no critico eso. Lo que sí critico es que existe una línea, que no es real, es de imaginaria en la que de tanto mirarse el ombligo algunos acaban confundiendo fantasía y realidad. Y encima no se lo quedan para ellos mismos, sino que lo difunden.

No creo que la tecnología haya incrementado eso, pero sí que el uso de la misma ha amplificado personajes histriónicos, con comportamientos públicos a través de redes sociales, que acaban por resultar vergonzantes.

A mí me divierten las listas y los rankings. Los más ricos, los más guapos, los más famosos, los más imbéciles, que más da... Hacer un ranking siempre vende. Antes estaban en manos de muy pocos, básicamente los medios de comunicación. Hoy, a través de blogs y redes sociales hasta el más inútil hace un ranking de cualquier estupidez, y se erige en el guardián de las ortodoxias más surrealistas. "Los abogados más influyentes", "los emprendedores más seguidos"... cualquier chorrada es susceptible de acabar en una lista hecha con mayor o menor fortuna, y que los citados, como el que no quiere la cosa, se dedican a difundir en otras redes sociales bajo el mensaje subliminar "fíjate qué bueno soy, lo dicen aquí".

Da igual quién haga las listas, no se necesita ningún criterio de autoridad para ello. Basta con citar a 20-30 pollos, y sentarse a recibir agradecimientos y ver cómo ellos, se ocupan de oficializarla, y  de difundirla como pavos reales.

Es un mundo de plástico, está de moda, es rápido, pero eso no lo hace real. La información fluye más rápido que nunca, la tontería  y los ataques de ego también. El mundo se mide por la capacidad intelectual, social y emocional de las personas y esa se detecta ahí fuera, en la calle. No se medirá nunca por criterios de plástico, ni por el número de followers que tienes en Twitter o los amigos y contactos que te agregan en Linkedin. Por mucho que se generalice, apesta.

Hace 2 días salió, el ranking de los españoles más influyentes. Reconozco que me divierte ver cómo cada año mencionan a un número de personas de Twitter con mayor o menor criterio. Lo realiza el Diario El Mundo. En la lista de más influyentes de internet hay algunas personas de las que sólo puedo decir una cosa, pese a dedicarme a este sector desde hace 20 años, algunas no tengo siquiera la menor idea de quiénes son, que hacen ni a qué se dedican. Creo que con eso lo digo todo. Eso sí, conozco personas que venden a su madre por salir un ratito en una lista como ésta, como si eso midiera su talla profesional, cosa que es absurda. Algunos incluso lo citan en sus CV.

Es un mundo superficial e insustancial. Y en él incluyo a cientos de miles de personas que creen que por poner una chorrada en una red social están haciendo algo importante o ayudando a alguna causa justa. Gurús de la nada encantados de verse y revolucionarios de ipad desde el salón de casa.

Nos creemos importantes, influyentes, creemos que porque algunas personas leen nuestra gilipollez diaria en facebook, en Twitter o en un blog, estamos trascendiendo y haciendo algún tipo de labor que nos perdurará.  Si quieres trascender, levántate, apaga un rato el portátil y sal a la calle. Aporta algo. Tus "me gusta" y tus "retuits" no valen una mierda

Mira a tu alrededor y verás cómo te suena; gente que recomienda sus propios libros, se autocita, tiene el "ya lo sabía" o el "ya lo decía yo" todo el día en la boca. Se refieren a sus propias conferencias. Son los tertulianos multimedia del siglo XXI, y ejercitan esa función 12 horas diarias. Se gustan, se aman, te cansan. Es un comportamiento vergonzoso y narcisista del que no sabe como interactuar, y por encima del éxito social o personal, lo que busca es la aprobación y admiración de un amplio número de personas para sentirse bien. Les han dado un Smartphone y se han convertido en adictos de demostrarte continuamente lo influyentes e importantes que llegan a ser.

El día que dejemos de mirarnos tanto el ombligo, de mirar de reojo al de la mesa de al lado para ver si tiene más o menos followers, o sale en más o menos listas que nosotros, habremos ganado algo importante. La tecnología es maravillosa. Sobre todo si se sabe usar, y si se es consciente, que luego, hay un mundo real que nos espera ahí fuera, lejos de nuestra micro burbuja, y es en ese mundo, donde se juegan los partidos importantes.