Corta a los pelotas de raíz. A la cabeza, que no cojea

Pelotas. Son aquellos seres repugnantes que habitan en las empresas y en la vida en general, causantes de vómitos descontrolados en las personas normales, como yo. Entes que sonríen ante cualquiera gracia ajena, aunque sea el peor chiste de José Mota.

4 de diciembre de 2013

Corta a los pelotas de raíz. A la cabeza, que no cojea
Una de las escenas de la serie: Pelotas.

Podemos hacer una clasificación casi lógica, los pelotas y cobistas suelen compartir una serie de características con los mamíferos porcinos:


1. Los chillones

Chillan cuando te ven, aunque están mirando la ropa que llevas porque tu cuerpo es un escándalo, como el de Raphael. Intentan decirte, sonriendo, que guapo estás y lo buena que está tu novia. Les miro, yo también sonrío, no vayan a hacerme una llave de Steven Seagal en uno de los barcos de la muerte, aunque dentro de mi bolsillo tengo una cola de conejo porque "los pelotas" no son de fiar.


2. Los saludones

Te saludan de lejos, aunque están afilando la cuchilla para hacer jamón de york tus pantorrillas delante del jefe supremo. Simplemente, los pelotas deberían sufrir desintegración automática nuclear. No me gustan. (Estas frases las digo apretando los dientes y los ojos, dan concentración y apariencia de ira desmedida)


3. Los eternofelices 

Les veo venir a legua. Con su cara de pito, el culo metido hacia dentro, como cuando a una burra le dan unos varazos en las nalgas. Sonríen sin parar y nadie, escuchadme, NADIE es feliz las 24 horas del día. Algo turbio esconden tras ese hocico de cerdo, algo bajo ese pellejo.


4. Los chaqueteros

Se cambian de equipo continuamente. Son así por naturaleza, forma parte de su ADN, es innato a su persona. Hoy está contra el de Marketing y mañana, quiere apuñalar con el palo del pincho moruno al de recepción. Y son feos, suelen ser muy feos.

Más feos que una uña larga. Merecen una plaga en sus casas de la lagosta española, me gustaría verle entre los bichos y que al día siguiente viniera a la oficina con mordiscos en el pelo peinado con las rayas del peine.


5. Los limpiasables

Tiene que haber trabajos de todo tipo. Los huelesobacos y los limpiasables. Dícese de los que en el trabajo se hacen la pelota mutuamente.

Los que se vanaglorian de ser los mejores y llevan las cejas con los pelos tan largos que incluso, se le rizan con la permanente "Richi". Dejemos los ejercicios de imaginación de otras partes de la anatomía caribeña.


6. Los pegapalmadas

Estos son de los que enfadan a cualquiera. Te tienen las costillas rotas de tanto darte la enhorabuena por todo. Como si se alegrasen. Solo piensan en quitarte del medio como en los Autos Locos. Son los tramposos, los que ganan las carreras con pinchos en las llantas.

Nos les haría nada malvado, me despiertan a partes iguales ternura y las ideas de muertes más primitivas. Como cortarles los brazos y echarlos a cocer, como dice la canción de don Federico. Pero son una criaturas solas que sufrirán bullying profesional eternamente. 

Un corte a tiempo, para la mala hierba pelotil. "¡Qué guapa es tu mujer, Rafa!" te dice el adulador de turno. "Pues la tuya es tan guapa como una cabra". Y ya está, cortado en seco, como los pescuezos a las gallinas. Muerta la gallina, se acaba el cacareo.