Restaurante Lavinia

Evidentemente, cuando uno acude a una convocatoria por una bodega en un lugar como Lavinia, templo del vino donde los haya en Madrid y tienda, aunque un poco mas cara que las demás, donde se pueden conseguir casi todas las joyas del vino de España y muchas del extranjero, acude por cariño, por pasión por una bodega, por entender que han luchado y han defendido una forma de hacer el vino que ha contribuido a subir, gracias a Enate y a otras dos bodegas, el valor de la marca de la D.O. Somontano hasta posicionarla como una de las denominaciones de origen punteras de este país.

19 de noviembre de 2013

Restaurante Lavinia
Enate Cabernet Cabernet. Foto: Jonatan Armengol.

El servicio de sala de LaVinia es atento, correcto, somos muchos periodistas comiendo a la vez, pero el primer defecto aparece nada más servirnos el plato: los camareros no tienen ni idea de lo que sirven, y se muestran incapaces de decirnos lo que nos están poniendo, ¿es que sólo transportan los platos?.

Pero no todas las cosas son negativas. Después de muchos días yendo a comer a distintos sitios sin éxito con el pan, Lavinia es el primero donde encuentro pan cortado a rodajas de una pieza grande, algo muy de agradecer porque permite disfrutar de la miga y del sabor del pan, y además, el proveedor elegido es uno de los mejores de Madrid: Viena la Baguette. Será que en Lavinia se aplican eso de ¡con pan y vino se hace el camino!.


Pan cortado a rodajas de una pieza grande. Foto: Jonatan Armengol.


Degustamos el primer plato con un Chardonnay fermentado en barrica 2010 todavía potente la madera, sigue muy presente en boca y el vino tiene tanto recorrido que merece la pena guardar alguna botella en casa para el futuro (precio por botella en tienda 14€) y disfrutarlo mas adelante. Pero les juro que nadie fue capaz de decirme qué puñetas era lo que nos sirvieron en aquel plato y pasó tan desapercibido que como no veo las fotos, soy incapaz de recordarlo. Buscando en la web he localizado un plato que podría recordarme remotamente lo que comí, pero el recuerdo es tan remoto que espero que el que deglutimos el 14 de Noviembre estuviera inspirado en él sin ser ese plato.

De segundo plato y plato fuerte nos sirvieron un Ternasco tan pasado de romero que cuando lo huelo y toco el hueso no sería capaz de decir si es cochinillo o ternasco, aunque me decanto por el cordero por la forma del hueso. Mi olfato está eclipsado por el abuso de las especias. El sabor es bueno, potente, la textura de la carne es fundente en boca sin ser espectacular, pero una vez te lo has comido tienes la boca anestesiada por el romero. Menos mal que ya nos han servido el Cabernet-Cabernet (precio en tienda 21€), un vino que supera ampliamente la comida. Como todos los vinos especiales de Enate, nos encontramos un vino redondo, algunos le acusan de falta de fruta, yo lo considero casi perfecto, en un punto ideal para tomarlo pese a que estoy seguro de que tiene un largo recorrido, el equilibrio con la barrica es perfecto.


Ternasco tan pasado de romero. Foto: Jonatan Armengol.


Por cierto, que la guarnición del ternasco fue un timbal de patata y beicon cuyo principal despropósito es que las lonchas de beicon son tan gruesas como las patatas. Sinceramente, si no fuera porque los vinos de Enate son excepcionales, la comida en Lavinia no mereció nada la pena. 

Para profundizar en mi depresión con el cordero, mientras mas troceo y degusto en la carne mas salada, la sensación cuando desisto de ella es la misma que si hubiera dado tres tragos de agua de mar. Eso si, para el vino, genial, con tanta sal y romero en el cordero, los que estábamos en la mesa disfrutamos de varias copas del Cabernet-Cabernet.

Llega el postre de Lavinia: un Brazo de gitano relleno de nata sobre crema inglesa caramelizado con almendras y yema tostada. Afortunadamente en el postre aciertan mas, aunque el punto crujiente que le aportan las almendras (que recuerdan a un turrón de guirlache o al turrón de la abuela de las Monjas Clarisas de Valdemoro, que por cierto les recomiendo), destrozan la textura tan suave y esponjosa del brazo de gitano. No obstante es un postre bien elaborado, con un corte clásico bastante interesante.


Brazo de gitano relleno de nata. Foto: Jonatan Armengol.


Con el postre llega una de las sorpresas más agradables de la comida, un Gewürztraminer dulce, un vendimia tardía del 2011, cosechado sin botritis con sobremaduración de la uva fermentado en barricas nuevas de roble.

Este Gewürztraminer dulce no está a la venta en el canal convencional, sólo se vende en la tienda situada en la bodega de Enate, en parte porque solo se elaboran cinco mil botellas y en parte por un incomprensible complejo de inferioridad de Jesús Artajona, el enólogo de Bodegas Enate, que considera que el vino no está a la altura suficiente, algo absolutamente incierto, ya que no conozco ningún vino de Enate que no dé la talla y considero que Artajona es uno de los mejores enólogos de este país.

En cualquier caso, una excusa perfecta para hacer enoturismo es visitar Enate, ver su espléndida colección de arte que se ha ido reflejando en las etiquetas de las botellas, y por qué no, comprar unas botellas en persona para disfrutar con los amigos en casa, no se lo pierdan.

Si no pueden acercarse al Somontano a hacer algo de enoturismo les recomiendo que se acerquen a Lavinia, principalmente a disfrutar de lo que fue el concepto inicial: una compra de vinos asesorada por excelentes profesionales. Prometo darle otra oportunidad al restaurante comiendo a la carta, pero si me baso en esta experiencia, ¡no volvería!

- PUNTUACIÓN

Cocina: 4

Postres: 5,5

Vinos degustados (Enate): 8

Carta de vinos: 8

Servicio: 5

Ambiente: 6

Calidad/Precio y Precio medio: Sin valorar al tratarse de una invitación y no haber visto la carta. Al no tener precios publicados en internet no puedo opinar a este respecto

- RESTAURANTE LAVINIA

Ortega y Gasset,16

914260604

www.lavinia.es