De los "gurupollas" a los soplapollas

Primero llegaron los "gurús de la nada" para invadirnos poco a poco con sus discursos vacíos. Por si esto fuera poco ahora han aparecido cientos de personajes trasmitiendo poco más que negatividad y mal rollo, sin nada más que aportar a la conversación. Ellos no son gurús ni lo pretenden, son simplemente soplapollas. 

11 de noviembre de 2013

De los "gurupollas" a los soplapollas
The Love Gurú, una peli que satiriza los autodenominados "gurús"

Hace algunos meses, cuando aun escribía este mismo blog en ElConfidencial.com acuñé un término que me venía dando vueltas a la cabeza, "gurupollas" el palabro , tampoco es que tenga mucho mérito, a fin de cuentas no es más que una contracción algo soez de gurú y gilipollas. 

Las redes sociales están llenas de estos personajes, cada vez más, personas sin oficio ni beneficio reconocido que son lo más parecido al tertuliano profesional en versión html sin expertise o formación previa. No sabes a que se dedican pero opinan de todo. En sus biografías de andar por casa puedes leer descripciones vergonzantes en las que se autodenominan "expertos", "gurús", "evangelizadores" o "ninjas" ellos solitos. Así, como suena.

Yo me sigo manteniendo en mis trece, pese a que a algunas personas les molestó aquel artículo (¿aludidos, tal vez?). Pero en esta ocasión me gustaría, a raíz de unos comentarios que leí en Twitter, hacer una pequeña reflexión sobre muchos de los consumidores en Twitter y Facebook del contenido de estos citados gurús, personas que parecen por alguna extraña situación amargadas y que sólo están online para poder criticarlo todo y que todos sus aportes en muros de Facebook, comentarios en blogs, y mensajes en Twitter se resumirían en uno "todo es una mierda y tú no tienes ni puta idea. Adiós". Hay personas que son profesionales de esto. Y no es que sean trolls, no parecen tener nada contra su interlocutor sino contra el mundo en general. ¿Qué aportan desde sus redes? Poca cosa, sólo hacer comentarios despectivos contra sus congéneres y su propio país trasmitiendo negatividad y criticando al interlocutor sin aportar un ápice. Una pena, puesto que generan ruido negativo.

El caso es que el pasado fin de semana pedí desde mi cuenta de Twitter, el voto para el Hospital La Paz de Madrid, que participaba en una competición con el Hospital de Londres con un flashmob. Al centro ganador le daban 10.000 Euros para la investigación del cáncer. Me pareció bonito y comenté que ya había votado sugiriendo que si lo leías echaras un cable a La Paz votándolo. Era fácil, podías decir, "voy a echar un cable y que el premio venga a España", o "que tío más pesado, paso del tema".  Sin más.

Mi sorpresa fue cuando por medio de algunos comentarios públicos, mensajes privados y un par de emails hubo gente que en lugar de ver algo positivo en ello, (hombre, conceptualmente lograr un dinero para hacer cosas contra el cáncer, lo parece), empezaron a criticarlo con argumentos-tipo: "Eso una mierda, con ese dinero no se hace nada. Que vergüenza de premio". 

Entiendo que estará justificado porque ellos aportan más de esa cantidad a la lucha contra esta enfermedad, o porque desconocen que con esos 10.000 Euros se pueden realizar algunas pequeñas investigaciones o pagar tratamientos de quimioterapia. Es posible que si fueran familiares suyos los pacientes podrían verlo de distinta manera. Hay gente que siempre se empeña en buscar mierda donde hay, al menos, un pequeño rayo de esperanza.

 Y es que en ocasiones se trata de criticar por criticar, de hacer reflejar constantemente negatividad y de para colmo hacerlo no aportando absolutamente nada a la reflexión ni a la conversación.

No sé si será por nuestro carácter, muchas veces negativo, por la crisis o por lo que sea, pero hay cientos de miles de personas que lo que trasmiten online es simple y llanamente mal rollo. 

Y eso hace que cada vez me de más pereza dedicar tiempo a compartir contenidos, charlar en público y reflexionar fuera de un círculo de confianza. Son los amargados de toda la vida, que siempre han estado ahí, y antes se quedaban tranquilitos en casa, pero que hoy en día con las redes sociales, quieren siempre ponerle el punto a la "i", salen a pasear, y lo peor de todo, nos quieren contaminar a todos sin aportar nada más que mal rollo. O nos abstraemos de ellos o los soplapollas nos acabarán engullendo.