El mítico Amaya cumple 75 años de vida

El Amaya forma parte de la vida de varias generaciones de barceloneses

Joan Porta 1 de junio de 2016

El Amaya está considerado el restaurante de cocina vasca más antiguo de Barcelona. Ahora celebra sus bodas de platino recuperando el bar y ofreciendo su cocina en forma de platillo.

En la parte baja de las Ramblas el Amaya se hizo popular durante décadas por albergar la llegada de los marines de la Navy y por las guardias que hacían en su entorno las prostitutas que trabajaban en la zona. Las secuelas del trabajo más antiguo del mundo quedaron incrustadas en los mármoles del suelo a través del rastro de los tacones de estas mujeres que acabaron por agujerearlos.

En la finca en la que se ubica el restaurante existía un mueblé histórico con laberintos interiores que evocaron novelistas del prestigio de Montalbán o Marsé en sus relatos de la Barcelona de la posguerra.

Precisamente, fue Manuel Vázquez Montalbán uno de los intelectuales que, como ocurría con Casa Leopoldo en el Raval, hacía notar su presencia en el restaurante Amaya degustando su rica cocina.

El Amaya forma parte del paisaje humano y literario de una Barcelona que fue, que desapareció, pero que permanece en el recuerdo de sus ancestros.

La capa de chapa y pintura que ha recibido el restaurante ha revertido en la calidad del servicio. Se ha pintado todo el local, se han restaurado sus muebles y complementos bajo la dirección del arquitecto italiano Euro Bellesi.

Además, se ha dotado al local con la última tecnología en una de las salas principales mientras la sala del hogar ha recuperado la hoguera presentándose como una estancia convertible en privada acondicionada para cualquier reunión privada de empresa.

También en la entrada, el Amaya ha rememorado historias propias y ajenas siempre referidas a este paseo universal, las Ramblas, la calle del mundo como la describía Hemingway.

Ahora, está entrada se encuentra flanqueada por una báscula antigua y por los reseñados mármoles con agujeros. Es la historia del bar y de la ciudad.

La báscula era utilizada por los trabajadores de los inicios para pesar el género.

Los mármoles forman parte de una más de las intrahistorias que recoge un local de 75 años de vida, un local de reconocida cocina, ahora ampliado en formato y fiel a la calidad de sus comienzos en plena posguerra española.