Un diario británico informa hoy de una noticia más que curiosa que casi nos hace creer en fantasmas.
4 de septiembre de 2008
The Guardian se hace eco de que, en ocasiones, la realidad supera con creces a la ficción. John Renehan pensó que había incinerado a su padre hace cinco años pero un buen día, viendo la televisión, le pareció reconocer a un hombre que se parecía increíblemente a su padre fallecido.
John Delaney se perdió en el año 2000, con 71 años. Tres años más tarde un cuerpo en avanzado estado de descomposición, de una edad similar y características físicas particulares apareció relativamente cerca de la residencia de la familia. Esto hizo conluir a las autoridades de que se trataba de Delaney.
Pero, casualidades de la vida, su hijo, que por primera vez en su vida estaba trabajando de noche, hizo una pausa para ver un rato la televisión. Y para su soppresa, vio en un programa de desaparecidos a un señor que, a todas luces, era su padre.
No se lo podía creerRenehan pensó que aquello era imposible, pero también sabía bien lo que habían visto sus ojos, así que al día siguiente llamó a la cadena Manchester Evening News y allí le informaron de esta rocambolesca historia. El caso es que Delaney había sido encontrado desorientado y confundido en la localidad británica de Oldham ocho años antes.
Al parecer no tenía memoria y ni siquiera era capaz de hablar. Un derrame cerebral 10 días antes le había dejado incapacitado para realizar la mayoría de las funciones mentales básicas. Imposible de identificarlo las autoridades entregaron al anciano a un centro geriátrico en el que ha pasado los últimos 8 años. Ni los avisos de la policía ni la búsqueda de los familiares llegaron a buen término.
Cuando se encontró el supuesto cadáver del hombre, se dio por cerrado el caso. Hasta hace poco la ley prohibía poner un aviso para búsqueda de familiares de desaparecidos sin el consentimiento de éste, pero un cambio en la lay hizo posible que el centro geriátrico pudiera colocar la foto de Delaney en el programa televisivo y la historia tuviera un final tan inesperado como feliz.
El problema ahora es saber, ¿De quién era el cuerpo incinerado?
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