Podemos y la falacia ecológica

¿Qué se esconde tras la expresión "la ciudadanía ha votado cambio"?

7 de mayo de 2016

Podemos y la falacia ecológica
Foto: El voto.


Desde el día 21 de diciembre del año pasado nos resulta cotidiano escuchar expresiones del tipo "la ciudadanía ha votado cambio" o "los españoles han votado diálogo". Lo cierto, es que esa realidad no existe, es una falacia, una falacia ecológica, un grave error de argumentación que pervierte la naturaleza individual de la acción del voto a partir de las percepciones agregadas de los resultados electorales que cada dogma político establece.

 
Cuando un ciudadano ejerce su derecho a voto lo hace de forma individual, ratifica la lista de una marca política con el fin que sea ese partido político, y ninguno más, el cual obtenga los 350 diputados o en su detrimento 234 (2/3), con el fin de poder aplicar su ideario o programa político. 


El término falacia ecológica aplicado a la ciencia política lo acuñó Robinson en 1950 al realizar los primeros estudios de análisis electoral, los cuales buscaban las causas y condicionantes de la elección a partir de la asociación entre individuo y el voto. Sin embargo, el carácter secreto del voto impidió que este análisis pueda realizarse con éxito, por lo que el voto se tuvo que estudiar mediante el análisis agregado a partir de los resultados electorales, pese a que sea inasumible que lo que sucede a nivel agregado ocurra también a nivel individual. 


Al escuchar las aseveraciones como "la ciudadanía ha votado cambio", se generaliza delictivamente sobre las causas y condicionantes del voto. Circunstancia que se maximiza dada la ambigüedad que posee la palabra cambio, todo eso, sin tener en cuenta lo que supone la apropiación del signo de la ciudadanía tan típica en los líderes socialistas y de Podemos para clamar un "cambio", que para colmo, tan siquiera se aclaran en cómo es ese "cambio" con el que tanto se llenan la boca, populismo puro. 


Este error argumental voluntario es propio de ineptos o demagogos cuya única voluntad es pervertir el sistema democrático con tal de degenerarlo hacia la oclocracia (gobierno del vulgo).
En definitiva, la ciudadanía ni ha votado cambio, ni diálogo, ni continuidad, aunque todos somos del mismo barro, no es lo mismo lebrillo que jarro.

Borja F. Pilato